viernes, 26 de octubre de 2007

Pantelicas para Platanoverde

Aquí va una crónica sobre el poder femenino... la pueden encontrar también en la última Plátanoverde, que está de lujo. Como para leerla de principio a fin.

Del Mensajero de las damas a la noche de las pantaleticas

Cómo camina una mujer que recién ha hecho el amor
En qué piensa una mujer que recién ha hecho el amor
Cómo ve el rostro de los demás y los demás cómo ven el rostro de ella
De qué color es la piel de una mujer que recién ha hecho el amor
Oficio puro
Víctor Valera Mora

No concibo la tarde del sábado sentada en el pretil de la ventana, mirando pasar la vida a través de los barrotes, encuadrando el aburrimiento en ese marco que desde afuera apenas revela a una joven dócil, pudorosa y casta. Un cuerpo en plano medio, que no muestra sus medidas ni sus apetitos, que sigue al pie de la letra los preceptos del deber ser religioso, de la mujer madre y esposa, en fin, un dechado de virtudes. Hubiera sido tal vez lectora disciplinada de ese edificante semanario larense llamado El Mensajero de las Damas, donde alguna vez pude haber aprendido este sabio consejo para satisfacer a los esposos: “Busca aquellas ocupaciones que más agradables le sean y que más importancia y valor te den a sus ojos, prefiriendo a todas el gobierno doméstico, que es el verdadero imperio de la mujer” .

Pero mi imperio se gesta, más bien, enmarcado en bombillos que imitan el camerino de una actriz y que iluminan un espejo. Allí se reflejan, inclementes, a manera de barrotes, cada una de las imperfecciones del cuerpo. Detrás está el mundo, la imagen del templo femenino por excelencia, el salón de belleza: corta aquí, seca allá, tiñe raíces, disfraza rostros, disimula el juanete, embellece las manos, ponle pequeñas y dulces garras acrílicas, estiliza muslos y caderas, arranca sin piedad los vellos de un solo tirón.

El calor no se puede soportar cuando veinte secadores funcionan al mismo tiempo en unos pocos metros cuadrados sin aire acondicionado. Pero no hay alternativa, el manual de la mujer poderosa dice que, así sea en una de estas peluquerías populares, para ganar la batalla hay que estar -o al menos sentirse- irresistible. Eso lo sabe bien Teolinda, la sultana de la peluquería, una abanderada furibunda de la democratización de la belleza femenina: “Eso era antes, que solamente las actrices podían ir a la peluquería, ahora no, ya nosotras mismas sabemos cómo es la cosa, aquí nos ganamos unos reales y todas pueden venir”, me dice, mientras estira una melena imposible, y le saca musculatura a sus brazos negros y macizos. Qué extraño, aquí no hay ni un solo “estilista”, pero el dueño de la franquicia debe ser uno de esos, un tal Carmelo.

Me dejo de reflexiones, no vaya a ser que se me note en la cara que me creo inteligente y espante algún levante interesante. Salgo rápido de la peluquería, estoy muy apurada y a los tacones se les salió una tapita. Coño, siempre cargo unas cholitas en el carro por si se me ocurre hacerme el pedicure, pero justo hoy se me olvidaron. Camino al sol tratando de concentrarme en no sudar, y paso frente a una construcción. Ese gremio obrero sí que es fiel, siempre te gritan piropos que te levantan la autoestima cuando tienes un barro en la cara y te sientes la más fea del salón. “Mami ¿No te dolió… Cuando te caíste del cielo?”. Hasta ahí la cosa va muy bien, pero cuando empiezan con lo de “Mami, dime quién es tu ginecólogo para…”, sudo como en la clase de spinning, pero de la arrechera. Si no son tan grandes, o tienen cara de estúpidos, les devuelvo el piropo con un insulto, pero hoy no tengo tiempo. Tengo que verme con mi tía Gabriela, después ir a la despedida de soltera de Anita y luego quién sabe. Por eso es que el secado de pelo tiene que resistir baile, chismes y revolcones de todo tipo, hasta sentimentales.

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Hoy no estoy de humor para escuchar a mi tía Gabriela, aunque sé que en el fondo siempre lo disfruto. Me encanta que me eche el cuento de sus amigas feministas de los setenta, que se lanzaron al teatro La Campiña a sabotear el Miss Venezuela, porque las mujeres no podían ser tratadas como objetos sexuales. Pobrecita María Antonieta Cámpoli, con esa ilusión que tenía, se puso nerviosísima. Menos mal que al final la cosa se compuso, y ella ganó. Pero qué ironía, si por mala suerte las feministas hubieran logrado eliminar a Osmel Sousa y su imperio, no habríamos visto a Irene Sáez jugando a la Barbie en un municipio donde no se sabía muy bien si era la madrina o la alcaldesa; o tratando de ganarle sobrada las elecciones presidenciales a un militar. “Pero mira donde terminó Irene después, en su casa, con su esposito y sus niños”, me suelta la tía Gabriela.

“Es que las cosas no son así. Hay una deuda histórica con las mujeres. La sociedad apenas empieza a cambiar, hay rostros femeninos por todos lados, aunque cuando no están en las noticias, los culos los muestran en las vallas de cerveza. Es que es muy difícil cambiar el sistema de poder más antiguo de la humanidad, o sea, el patriarcado. Y tú me dirás que la presidenta de la Asamblea Nacional es mujer, y que hay ministras mujeres, y que en la CANTV y Movilnet pusieron mujeres, y que las periodistas famosas son todas mujeres, pero revisa si hay una sola mujer en la junta directiva de PDVSA. Tú lo sabes, lo viste en la universidad, seguro que un montón de niñas estudiaron Derecho, se graduaron, y ve a ver cuál es la proporción en los tribunales”, me dice mi tía preferida. Yo mientras tanto me acomodo la falda, y pienso qué pasaría si yo fuera ingeniera civil y tuviera que ponerle orden a los obreros que me acaban de bucear en la esquina.

“Pero bueno tía, es que todo este cuento de las leyes que favorecen a las mujeres, del Código Civil y la igualdad de condiciones en la sociedad conyugal a mí no me dan ni frío ni calor, porque yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana”, le respondo, como para ir cortando y salir rápido a la fiesta. “¿Ahh, tú ves?, es que de eso no hace mucho, eso fue hace poquitico, en los ochenta, en los noventa. Es que hay hasta una ley de paridad para los cargos públicos que no se aplica, porque a una diputada le pareció que era injusto para los hombres. Es que nosotras mismas estamos confundidas. Menos mal que ahora por lo menos se reconoce el trabajo doméstico y hay una que otra gerente en la empresa privada, eso sí, tienen que ser más arrechas que los hombres, y andar todo el día de punta en blanco. Yo te digo, aquí hay que buscarse estrategias de resistencia. ¿Te vas a ir? ¿Quién es la que se casa? ¿Sucumbió al novio ese que tenía? Bueno, está bien, vete y deja de andar viendo esa pendejada de Sex and the City. Vete, vete. Sí, sí, estás linda, no se te notan los cañones en las piernas”.

Sí, definitivamente me gusta escuchar eso de las estrategias de resistencia. Estrategia de resistencia fue la que aplicó la Tatis cuando la dejó el novio y se puso 500 cc en cada teta, o el puchero ese infalible que le hace la Caro al jefe, para que le lance las reuniones aburridas al otro tipo que trabaja en la oficina. Pero la mejor fue la de la huelga de piernas cruzadas: resulta que a las novias de unos pandilleros colombianos de Pereira se les ocurrió que si les aplicaban la abstinencia por una semana, a lo mejor ellos recapacitaban y se dejaban de tanta violencia. Otra buena es la de dirigirse a todos los seres vivos anteponiendo la frase “mi amor”, esa hay que aplicársela, sobre todo, a las secretarias. Lástima que Kathy no ha aprendido que la estrategia de dárselas de arrecha con la peluquera, y vivir peleando con ella, atenta peligrosamente contra su imagen.

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Comenzó la tarde de pantaleticas. Me encanta, puras jevas hablando duro y sin pena, de vez cuando cae bien, sobre todo después de la descarga de conciencia femenina que me acabo de echar. “¡Amigaaa! ¡Holaaa! ¡Maricaaa! ¡Que bellaaa! ¿Ya está todo listo? ¿Viene la chama del Tarot? ¡Consulta colectivaaa! Buenísimooo, así de una vez nos actualizamos con todos los cuentooos. Yo te dije que lo que está de moda es llevar un sexólogo a las despedidas de solteras, y bueno, no conseguí los strippers, pero vamos bien con lo esotérico. Mira, te traje un regalito. Uno es un consejito que leí en un periódico de mil ochocientos y pico –como decir la Vanidades de la época, pues- y dice: “Tus atenciones con él deben ser continuas, mas no inoportunas; afectuosas, más no afectadas”. Ahhh, ¿qué taaal? Mentiraaaa, lo que te traje fue… ¡Un vibrador ro-saaa-dooo!”.

La cosa se volvió un despelote después de que Ale nos leyó las cartas –y no era la primera vez, porque desde que conseguimos nuestra “bruja chic”, toda tatuada, vamos siempre a consultarnos-. Todas nos emborrachamos para olvidarnos de los cachos que nos están montando, de los viajes fallidos, del hombre moreno que no nos va a parar bola nunca, pero sobre todo del tema de la infidelidad. Ale nos decía: “En esta fiesta hay más mujeres que hombres, porque cuando les echo las cartas les salen de a tres a cada una. Ahora las mujeres son las que montan cachos vale, qué impresión. Todas se ponen a llorar cuando les digo que el hombrecito ese no es el tipo, pero se secan las lágrimas y se les dibuja una sonrisota cuando me empiezan a preguntar por el que les veo venir. Qué vaina, los sacerdotes, los místicos, los shamanes, los magos, todos son hombres, pero al final, ¿quién es la que descubre las verdades ocultas? la Suma Sacerdotisa. Nos tienen jodidas con ese cuento de que si nos viene la regla no podemos hacer ningún ritual. ¿No lo voy a saber yo, que he sido policía de tránsito, modelo, masajista y mil cosas más? Al final es la misma vaina siempre, si no es un hombre el que te quiere agarrar el culo, es una mujer. ¡Salud!”.

Después vinieron las confesiones de la secretaria de la agencia donde trabaja Anita, que siempre vemos tan seria haciéndole guardia como un bull dog a la oficina del presidente. La mujer nos confesó que si a ella no le cae bien alguien, no pasa a ver al jefe jamás. Es que esa relación yo nunca la he entendido, es una cosa enferma, ella hace todo lo que el jefe no quiere hacer, y termina mandando más que él. Es como la muchacha que trabaja en la casa de mi amiga Lori, que iba todos los días y decidía qué se comía, con qué jabón se lavaba, cuál era la lista del mercado y a qué hora hacían la tarea los muchachitos. O sea, Lori era como un cero a la izquierda en su casa. Pero un buen día, el marido de la muchacha se levantó con los celos alborotados y no la dejó trabajar más. Ni en casa de Lori, ni en mi casa, ni en casa de la mamá de Anita. Y a eso sí lo llamaría yo un verdadero plan de desestabilización, fue peor que el terrorismo financiero.

Tan bella mi Anita, a punto de casarse y ahí vomitando en la poceta cuando apenas empieza la noche. Esa sí que se gozó la vida en Europa, sin necesidad de casarse con un bobo de estos que vienen aquí a buscar mujeres exóticas. Me decía que me fuera de rumba con el primo de la Tatis, y yo le hice caso. Ya él me había coqueteado una noche, y yo le había seguido la cuerda, más por cortesía que por gusto. Pero después de esos cocteles dulces horrendos que nos tomamos, y que nos pusieron a cantar I Will Survive a todo gañote, además de varias canciones de Julieta Venegas, lo más prudente era salvar la noche con el primo Santiago, que estaba coleado en la despedida. Cuando nos montamos en el carro, lo empecé a ver hasta lindo, y además tenía buena conversa.

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“Dime cositas, dime cositas”, le susurraba al oído, pero él nada. Me pedía que le diera un poco de tiempo. “Mi novia me cortó los servicios por falta de pago, como quien dice”, confesó Santiago, ahí medio desnudo en la cama. ¿Cuál tiempo? Tiempo había tenido él en el bar de strippers al que lo arrastré para ver si podía entrevistar a una de las chicas de los batitubos para el artículo este que me pidieron sobre el liderazgo femenino. La muchacha habló conmigo, como para que no me sintiera incómoda, pero a Santiago sí le recitó la cartilla de pe a pa: “Este negocio no funciona sin nosotras. Los clientes vienen y se creen este mundo de magia. Es que nosotras somos más sensibles, y por eso somos fuertes. Cada quién está en el puesto en el que quiere estar, como yo, que tengo mi pareja, pero soy quien manda en la casa. Hay muchas cosas que los hombres ven y se enamoran, se enamoran de la imagen de la chica montada en el tubo. Yo no me voy a sentar a hablar con una persona que me quiera tocar, sino con alguien que esté centrado, que respete mi arte, no con un gafo. El arma simplemente es la fachada. Ustedes de repente ven una mujer muy sexy y se deslumbran solitos, ustedes hacen todo el trabajo, uno sólo les da la imagen, o sea, son más tontos que nosotras”.

La muchacha se llamaba Onix, y aunque ya yo estaba prendida cuando nos sentamos a ver el show, me acuerdo que había otras mujeres viendo los números de las strippers mientras le agarraban el brazo frenéticas a los novios. Onix estaba vestida de policía y ya había bailado, vestida de enfermera o colegiala, alguna canción de Metallica y la infaltable Crazy, de Aerosmith. Me acuerdo también que nos dijo que los coreógrafos de estos lugares siempre son hombres, y que entre ellas se llevan bien, aunque nunca falta el grupito de las que están súper operadas y se creen más que las demás. Hay que verle la cara a pasar al menos cuatro horas haciendo acrobacias en ese tubo, por eso es que se mantienen en forma. Pero además tienen que calarse a las parejas de los tipos, que deciden acompañarlos al bar para ver qué carajo es lo que les gusta de ese mundo, para participar en sus fantasías. Total fue que con Santiago terminé en plan de comprenderlo, porque estaba enrollado, aunque la jevita soy yo. Y se lo dije, le dije que si lo que tenía era una disfunción sexual, que comprara su Sildenafil, o lo que es lo mismo, su Viagra, su Cialis, su Levitra, lo que sea. La noche terminó a medias. Estaba contenta por mi amiga, fastidiada por haberme encontrado un tipo enrollado, enratonada y con un artículo pendiente por escribir. Pero después de todo, ya ni ganas tenía de hacerlo, así que apenas amaneció, llamé a Héctor, mi editor, para que nos viéramos.

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“¿Hola mi amor, cómo estás?”, Me dijo Héctor apenas me vio, con su paciencia inagotable y su tono dulce de palmerita de chocolate. “Se te nota que estás trasnochadita. Cuéntame cómo va el artículo”. No sabía cómo decirle que ya no quería escribir nada para el fulano Plátanoverde, pero al menos tenía que echarle el cuento de lo que había pasado el día anterior. “Mira, lo que pasa es que ya yo hice la tarea: entrevisté a la stripper, hable con mi tía feminista, con la bruja, con la secretaria, y no veo nada nuevo en esto. Ya te conté todo lo que me pasó anoche y tú me dices que está buenísimo, que hay material, pero yo no me lo creo. Yo lo que creo, más bien, es que tú quieres que entreviste a las caras de moda, a esas que se supone que representan la visibilización del liderazgo femenino”.

¿Qué quieres, que entreviste a María Corina, Lina Ron, Carla Angola, Cilia Flores, la fosforito, la profesora Marta y la Gollinger? ¿Qué les voy a preguntar? ¿Que si se leyeron Doña Bárbara, Ifigenia, Hanna Harendt y Virginia Woolf? ¿Qué opinan de Hillary Clinton y Cristina de Kirchner, de Rosa de Luxemburgo? ¿Qué van a hacer por los niños pobres y la paz mundial? Yo lo que creo es que tú estás soñando que ahora Norkis Batista no sólo está buena, sino que es una luchadora social. Tú quieres que yo encuentre en las mesas técnicas de agua a una líder comunitaria que sea como Frida Kahlo, pero recién salida de la peluquería. Tú quieres que encuentre el poder de la pantaleta.

Perdóname si exagero, Héctor, pero es que amanecí sensible y todo esto me parece absurdo, además estoy enratonada. Coño, tú dices que ustedes los hombres se las ven difíciles porque ahora tienen que estar pendientes de que las mujeres no les montemos cachos, además tienen que ser cariñosos pero firmes, proveedores pero no machistas, con sentido del humor y además buenos amantes, darnos un masajito cuando llegamos estresadas del trabajo. Pero imagínate lo que nos toca a nosotras, tenemos que ser un híbrido entre una madonna de Miguel Ángel, y la Madonna de Like a Virgin.

En fin, ya me puse ladilla con esta lloradera, como La Lupe pues, según tu punto de vista, yo soy la mala. Mira, dile a los tipos estos de Plátanoverde que si quieren yo escribo otro artículo, porque esto yo no lo veo viable. Después de todo, a mí lo único que se me ocurre es que alguna genio por ahí decidió releer a Maquiavelo, y se le metió en la cabeza que ahora, como dice en El Príncipe, es mejor ser temidas que amadas. Eso sí, me quedaron claros los consejos de El Mensajero de las Damas, y una cosa más. Una cosa que sólo un viejo de setenta años, con un trago de wihsky en frente, y para colmo poeta, me dijo -palabras más palabras menos- hace ya unos años: “Las mujeres pueden fingir un orgasmo, nosotros no. Nosotros nos entregamos, nos derramamos en ellas, pero ellas son las que tienen la misión de concebir. Las mujeres son un misterio para los hombres, pero todos los hombres venimos de una mujer. Venimos de allí, y allí queremos volver, llenar ese lugar de donde salimos”.

K.

martes, 14 de agosto de 2007

Volvi

Qué desorden, qué caos. Pasé meses sin actualizar este arroz con mango, y justo hoy se me ocurre colgar los textos acumulados durante esos meses y durante algunos años. Así que la indigestión puede ser peligrosa. Por eso ordené la cosa por categorías, aquí a la derecha, para que cada quien lea lo que más le plazca. Aquí están algunos de los textos que he plubicado últimamente en medios, varias croniquillas, unos intentos literarios que al fin me decidí a mostrar, mini articulos de opinión, y la sección de la banda sonora de mi vida, que está en permanente construcción y de la que apenas he rescatado tres canciones. Para el iPod les dejo un link de youtube, de un grupito con el que me topé por casualidad,

http://www.youtube.com/watch?v=jV1bRfLHA3A

Espiritu Santo

Pague y pare de sufrir


“El Negro. Matrimonio, suerte, espiritismo, amarre, separación, dominio desespero 24 horas, cancele después”. Por 6.000 pesos este aviso aparece cada día en la página 7C del diario El Universal. Cuesta 180.000 al mes, y sumando 120.000 del alquiler se obtiene un total de 300.000. Es lo que invierte Antonio Daza en su negocio. Atiende -en un día normal- dos clientes, cada uno paga 10.000 pesos por la lectura del Tarot; suman 600.000 cada 30 días.

Basta una llamada telefónica para conseguir la cita a las 11:30 de la mañana en el barrio 5 de Noviembre. Veinticinco minutos en taxi lo separan del centro de la ciudad. En una casa humilde, a pocos metros del centro comercial La Castellana, se puede conocer qué depara el futuro. Una mujer, que podría ser un alma en pena por su contextura, recibe a los clientes. En pocos minutos Antonio se asoma a la puerta de un cuarto mínimo, y con los ojos muy abiertos informa que pronto estará todo listo para la sesión.

Antonio atiende a los clientes entre cuatro paredes blancas. Nada de imágenes, altares u ofrendas. Sólo hay un ventiladorcito que gira frenéticamente en las paredes. La ventana está tapada por una sábana y constantemente pasa gente a la que no parece interesarle lo trascendental de cada sesión, tienen la misma indiferencia de Antonio en el rostro. El adivinador no tiene señas particulares: es moreno, de ojos verdes y se viste como un tipo cualquiera, con camisa verde a cuadros y jeans, sin collares ni aretes.

Se sienta tras su escritorio rojo y explica: “lo primero es leer el Tarot, si tienes alguna pregunta la puedes hacer, y después decidiremos si hay que hacer un “trabajo” de otro tipo. Por el momento serán 10.000 pesos”. Después de anotar la fecha de nacimiento del cliente, que parte el mazo en tres, comienza la sesión. No hay invocaciones ni formas rituales. “Por su futuro, su porvenir y lo que ha de venir”, dice, y de inmediato echa la primera carta. “Eres perseverante, te favorece ser independiente”, y continua mientras la fuerza, el loco y la rueda de la fortuna apuntan hacia el techo de zinc: “tu salud está estable, no tienes suerte para el juego, ojo con una pareja que te propondrá un mal negocio, hay una mujer mayor pendiente de ti, debe ser tu mamá”. Los arcanos mayores del tarot deben sentir el mismo calor y agotamiento que se ve en la cara de Antonio. Están aburridos de las sorpresas, prefieren hablar de generalidades que saben de memoria. Después de 15 minutos hay siete filas de cuatro cartas cuidadosamente ordenadas y se supone que todas las dudas están disipadas: “tu suerte no tiene trabas, no hay ningún maleficio sobre ti”.

Antonio estudia psicología y su único sustento es el oficio de adivinador. Trata de no mezclar la ciencia con el mundo al que llama “espiritual”, pero no niega que pone en práctica lo que ha aprendido en la universidad. “Cuando viene un cliente muy angustiado trato de ayudarlo en el aspecto psicológico y luego voy a lo espiritual”, afirma. No quiere que sus compañeros y profesores sepan cómo se gana la vida porque teme que le pierdan el respeto. Pero mientras termina la carrera, podría llegar a cobrar más de un millón de pesos por un “trabajo”. “Mi tarifa depende de la dificultad del trabajo, pero sobre todo de las posibilidades del cliente. Cuando me doy cuenta que alguien está muy urgido puedo hacerlo sin cobrar casi nada”, cuenta Antonio.

Si tuviera que referirse a un maestro, nombraría a su hermana: la Cacica María. El oficio viene de familia: de diez hermanos, seis lo practican. Pero cada uno atiende públicos diferentes. Quienes anuncian en el periódico reciben todo tipo de clientes, mientras que los que anuncian en la radio atienden personas de estratos más bajos. En ambos casos afirman que 90% de los clientes son mujeres, “son las que están más golpeadas por los problemas sentimentales”, dice sin dudas. Cuenta que debe haber por lo menos 20 adivinadores profesionales en Cartagena. Llama profesional a todo aquel que anuncie en radio o prensa.

La utilidad neta de 300.000 pesos mensuales puede aumentar si algún cliente desea separar al ser amado de otra persona o atrapar a la pareja ideal. “Para hacer un trabajo así tengo que analizar la relación, si no se conocen será demasiado difícil que lleguen a casarse. Si la persona es viable entonces acudo a la santería: invoco al Negro Felipe o a María Lionza, o al espíritu de alguien", explica convencido de su don paranormal, pero no niega que existen los “trabajos” imposibles.

La sesión termina y Antonio se monta en su moto. Llega a la avenida Daniel Lemaitre y pasa frente a la Iglesia de la Oración Fuerte al Espíritu Santo. Las puertas están abiertas para quienes fracasaron en las invocaciones paganas. Un volante cae en manos de algún transeúnte que se acerca curioso a la puerta del antiguo Teatro Cinerama. El local resalta por su blancura y pulcritud en medio de una calle atiborrada de vendedores ambulantes, fruta, champeta y mal olor. No importa si la persona (ya no cliente) está pasando por “situaciones difíciles tales como desempleo, enfermedades, vicios, peleas, desamor, fracasos familiares”. Según el papel, el plato fuerte para esta semana será la “gran distribución del aceite santo de Israel”. Si queda alguna duda de la efectividad de aceite, se aclara con testimonios impresos: “Mi nombre es María de la Ossa. Los médicos detectaron cáncer en mi matriz. Recibí la unción del aceite santo de Israel en el nombre de Jesús, y recibí mi sanidad total. Ya no sufro más”.

A las 7:00 de la noche está programado el próximo servicio. En el lugar que antes fue una sala de cine para 300 personas, se mantienen las butacas desgastadas, pero ya no hay alfombra ni pantalla, en su lugar se levanta una pequeña tarima y al fondo se lee “Jesucristo es el señor” en letras rojas. Un podio domina las escena y a los lados un equipo de sonido y una mesa. Poco a poco se llenan las primeras filas, cada persona que llega se acerca a la tarima y coloca en el suelo la fotografía de los familiares por los que rezarán hoy. Las música de fondo podría provenir de una emisora de radio cualquiera, solo que las letras de las canciones parecen construirse con base en una sola palabra: Jesús.

Los asistentes leen la Biblia mientras esperan, pero no se ven crucifijos ni imágenes por ningún lado. El “pastor” conversa aparte con una señora canosa con rostro de preocupación. Termina la charla y se percata de la presencia de dos personas ajenas al resto del grupo. Mira inquisidor, se acerca y pregunta “¿Usted tiene una libreta? ¿Por qué está anotando?”. Revisa los apuntes y deja la santidad a un lado para enfurecerse. “¡Eso no está permitido, este es un lugar público si usted viene a participar, pero si viene a investigar se convierte en privado!”. El pastor tiene acento brasileño, pero a medida que la discusión se acalora se le ven las costuras lingüísticas, cada vez le cuesta más controlar su ira, lo que deja en evidencia su lengua materna: el castellano costeño.

Para efectos de la discusión no tiene nombre, simplemente es un negro, encorbatado, de 1,80 metros y fornido. Pregunta por el grabador, comprueba que no está prendido, pero ya no hay vuelta atrás. Se siente “burlado”, “irrespetado”. A pesar de la promesa de no anotar ni grabar, continúa perdiendo la paciencia. No concibe que alguien presencie la ceremonia sin haber pasado por el proceso de sugestión y autoconvencimiento que la Iglesia de la Oración Fuerte al Espíritu Santo se encarga de transmitir a través de cualquier medio. Quieren convencer a los desesperados.

“Si ustedes estuvieran sufriendo no vendrían aquí a anotar ni a grabar nada. La gente que viene como ustedes lo hace para hacernos daño. Además, les invito a que salgan por la misma puerta que entraron”. Ante la poca sumisión decide no esperar la justicia divina, así que pide a uno de sus “colegas” que llame a la policía. Ya la discusión retumba en estéreo por toda la sala, los asistentes ni se atreven a mirar. Con el mismo fervor con el que invita a los fieles a entregar más de la mitad de su salario, el ministro dice: “yo soy pastor, pero también soy un hombre, y te puedo dar de coñazos”.

Ya en la calle y aclarada la intención periodística de la visita, los agentes de la Policía Metropolitana –que llegaron en menos de cinco minutos- estaban perplejos. El pastor continuó discutiendo: “Ustedes creen que yo tengo algo que ocultar, pero yo no tengo nada que ocultar”. Se le pregunta: “¿Por qué no podemos entrar entonces?”, contesta enfurecido: “Porque ya no quiero”.

El año pasado la policía no llegó a tiempo. En la sede de la Oración Fuerte al Espíritu Santo en Caracas, el pastor principal fue asesinado. Los delincuentes cargaron con más de 600.000 dólares en efectivo (en moneda local), que es lo que dejan los diezmos de una semana de milagros.

K.

Maricatalina

La vía más libre de Cartagena

“Querida amiguita, te invitamos a votar, recuerda que faltan pocos días para la elección”, dice el único letrero en la antesala de la discoteca. Es que el próximo 18 de agosto se entregarán los premios India Maricatalina. Adentro hace menos calor que fuera, pero todos sudan más, transpiran sensualidad. Un hombre alto y viril, con casco amarillo de obrero se acera, sonríe, saluda; luego comprendo que me ofrece algo de tomar. No sé la hora pero ya la noche comenzó. Estoy en Vía Libre.

El taxista que me llevó dijo, sin dudarlo, que “de ese tipo, es la discoteca más antigua de Cartagena”. Al frente está el Cerro la Popa y nos detenemos en el número 19A-18 de la avenida Pedro Heredia. Pagué 10.000 pesos para entrar, 5.000 de ellos consumibles. Tras la barra, franqueada por cuatro paneles de acrílico iluminados en naranja y verde, está José Ramos. Todos le dicen “Jóse”, y recibe un trato especial por aquellos que lo consideran una institución en el ambiente. Probablemente ser el dueño de la discoteca gay tradicional de la ciudad lo ha hecho merecedor de ello. Viste una camisa naranja y sus medidas lo distinguen de los barmans, también sus canas hacen la diferencia entre los chicos coquetos y el señor afable.

Todos en la disco viven como propia la última victoria de Jóse, y hablan de ello con orgullo. Vía Libre fue expulsada de las murallas de Cartagena por estar en un local cercano a un liceo, y después de un pleito legal de más de un año, Jóse me dice complacido, pero sin apasionarse, “ganamos, pronto volvemos al centro”. Seguramente la entrega de los Maricatalina será allá.

Las inhibiciones se disuelven en el humo cuando me asomo desde el discplay, separado de la pista por 10 escalones que aguantan baile, besos, caricias y más. Arriba Marcelo, micrófono en mano, anuncia que el performance está a punto de comenzar. Le pregunto si hay muchos homosexuales en Catagena: “hay demasiados, pero son bacanos” dice, y contraataca: “¿Tu eres gay?”, y ante mi negativa no tiene reparos en decirme “soy hetero y quiero tener una aventura contigo”.

Abajo una pequeña tarima soporta el peso de Rodrigo, Alberto y Carlos. Están listos para comenzar la función vestidos con prendas que parecen robadas del closet de alguna tía solterona. Son el trío perfecto: la rubia, la morena y la pelirroja, todas con pelo en el pecho. La rubia, muy desenvuelta a pesar de lo descuidado de su peluca, abre el show con la mímica de una pieza interpretada por Monserrat Caballé. Fueron quince minutos de lluvia de papelillo, paños menores, chistes de “locas” y las peores canciones de Pulina Rubio, cerrando, como era de esperarse, con “Ese hombre es mío”. Puedo tocar la bola de espejos desde donde estoy, pero prefiero lanzarme a los jeans ajustados, las camisetas ceñidas y los colores del arcoiris, símbolo del orgullo gay.

Abajo todo se menea: negros, negras, rubios, rubias, gafas oscuras, canas, senos, piernas, nalgas y manos, muchas manos. Me da la impresión de que en un sitio heterosexual nunca habría podido ver tantas personas besándose al mismo tiempo. Todo al ritmo del techno. El discjockey acelera cualquier tema que le pase por las manos, de repente todos saltan con “Pequeña y frágil” de Saú, o con alguna imitación barata de Eurythmics y sus “Sweet dreams”. Pero si había alguien bailando sin pareja, tuvo que sentarse, porque cuando empezó el ritmo tropical se impuso la ley del apretadito.

La puerta del baño es transparente. A la derecha están los orinales y a la izquierda una poceta privada. Huele a eucalipto y el ambiente está húmedo. Un rubio perfectamente afeitado le pide a su compañero que no deje de besarlo mientras orina, están pasándola de lo mejor. No son los únicos, todos parecen estar relajados, contentos. La señora que cuida el baño también lo está, me pregunta por mi novia y le digo que no tengo. Se disculpa por haberme ofendido y acto seguido le aclaro que no me ofende en lo absoluto. “Así es la gente que viene a Vía Libre, no se complica y es feliz”, contesta la morena delgada que todos los jueves, viernes y sábados reparte el papel higiénico.

Pago 5000 pesos por un ron con Sprite, y ya me muevo a mis anchas por los 30 x 70 metros del local. Tengo los ojos entrecerrados y las luces titilan. Desde arriba un reflector me sigue a donde me muevo, es Marcelo (el animador hetero) que trata de intimidarme con el haz de luz. Pero resulta útil para mis acompañantes: sólo buscan la luz y me encuentran. De hecho, fue más útil aún cuando uno de ellos, sin quererlo, fue abordado por una camiseta roja y ajustada y unos ojos verdes con mirada desesperada.

Miguel quería mucho más que baile con mi acompañante y tuve que aclarar la situación. Comenzamos a conversar, contó que vive en Sincelejo y que viene cada dos semanas a rumbear a Cartagena. Es arquitecto y trabaja en la construcción de viviendas de interés social para refugiados. Su relación con Angel está pasando por un mal momento, por eso, a pesar de que fueron juntos a bailar, está buscando a alguien más. Insiste en que le gusta mi amigo y pide que nos besemos para comprobar que no somos gay. Con sus ojos verdes y grandes me dice emocionado que fue postulado a la India Maricatalina como el más regio. “Imagínate que hay una categoría que se llama ‘miss capa de ozono’, se la dan al que el agujero se le pone cada vez más grande”, y lanza una carcajada estruendosa.

Gustavo no ha bailado en toda la noche a pesar de su perfil perfecto, cuerpo escultural y 24 años. Estudia publicidad y se siente un tipo con suerte, “mi familia me acepta, mis mejores amigos también saben que soy homosexual, aunque no se lo cuento a todo el mundo”. Su última relación terminó hace poco, ya no está con Jóse, tal vez por eso le incomoda bajar a la barra. No duda en afirmar que la comunidad gay de Cartagena es grande, pero se lamenta de que el machismo influya en el comportamiento de muchos. “Se ve mucha bisexualidad porque hay quienes, para evitar la presión social (esta ciudad es pequeña y todo se sabe), mantienen relaciones con hombres y mujeres”, también comenta que esa noche hay más mujeres homosexuales que en ninguna otra.

La música para bruscamente, las luces se encienden, y los ojos verdes de Miguel ya no son verdes. Fusil en mano entran cinco agentes de la policía Metropolitana. Jóse me invita a pasar detrás de la barra y las mujeres guardan sus carteras allí. “Es que la toma de posesión de Alvaro Uribe es el miércoles y han soltado los perros”, dice mi acompañante. Jóse saluda al comandante como a un viejo amigo, va a la caja y pide efectivo. Charlan mientras los policías piden identificaciones. La rubia del performance, ahora transformada en un hombre con camiseta de Superman, no se inhibe con la presencia policial. Se sienta sobre la barra y comienza a cantar de nuevo la pieza de Monserrat Caballé. “Se llama ‘la felicidad’, y pase lo que pase hay que seguir cantándola”. Pregunto si es usual que esto ocurra, Jóse me contesta que no, “lo que pasa es que este comandante es nuevo y quiere pasar revista a todos los locales para cuadrar el sueldo”, dice, confiado en que pronto llegarán a un acuerdo de convivencia.

Sigo sin saber la hora, y de vuelta a casa mi otro acompañante hace sólo un comentario: “En este ambiente hay igual o más discriminación que afuera. Los lugares se dividen según el auto del que te bajes al llegar; pero en Vía Libre no pasa eso, es una disco clásica y popular al mismo tiempo, no es plástica”.

A las 2:00 de la tarde me despierto y llamo a Jóse. Con la misma tranquilidad de la noche anterior, acepta mi invitación a conversar. A las 9:00 pasará por el hotel y lo entrevistaré para hacer un reportaje.
K.

Banda sonora I

Estas son tres canciones del soundtrack de la primera infancia. Vienen en LP o casete, con el ruido típico de los picós, o de la cinta en los cabezales.

Oh que será
Willie Colón

Mi mamá tenía una lámpara preciosa en la casa. Era redonda y de papel, de esas que hay en los apartamentos pequeños de la gente que lee y hace fiestas. En las noches, antes de dormir, me imaginaba que esa lámpara era la luna. Una luna gigante y colgada con un cable largo, que dejaba que la viera si me asomaba por la rendija de la puerta del cuarto. Bajo el haz de luz amarilla había un disco de pasta, con su cubierta grandota de cartón, en la que aparecían un montón de niños de todas las razas en pañales. Mi mamá prendía la planta y ponía música, no sé si era precisamente de ese disco o de un casete grabado por alguno de sus amigos de la escuela de letras. Comenzaba el tema en technicolor y mamá intentaba cantarlo completo. Yo la escuchaba, la miraba, pensaba en lo bonita que se veía cuando se pintaba la boca con el labial que yo le había dañado por tratar de usarlo a escondidas. Me asustaba cuando me regañaba por esas cosas, y también cuando la canción hablaba de los fantasmas. No entiendía por qué alguien se hace una pregunta tan simple como esa: "¿Qué será?". Antes de que terminara la canción, le pregunté: "¿Mami, qué es?". No recuerdo con precisión su respuesta, pero la memoria me ha jugado una trampa en la que la oigo decir: "Cuando seas grande lo sabrás....".

Bemba colorá
Celia Cruz

La lámpara ya no estaba en el apartamento, no sé dónde fue a parar, lo cierto es que aún había fiestas. Mi papá estaba tan joven, y tenía tantos amigos simpáticos y alocados, que era el ambiente perfecto para una chiquita de cinco o seis años. Abajo vivía mi abuela y no creo que ella tuviera ganas de integrarse al grupo. Más bien prefería acostarse en el borde de la cama y ponerse pañitos de agua fría en los ojos, porque se le cansaba mucho la vista. Pero en el piso tres la fiesta estaba en pleno furor. Yo no bailaba salsa, todavía. Pero tenía unas zapatillas rojo carmín con unas trencitas un poco más oscuras. Mi tío Miguel, tan grandote como es, me preguntó si sabía bailar, y antes que pudiera responderle, me agarró de las manos y comenzó a cantar como un sonero desatado. "Es que tu tienes la bemba... bemba colorá". Si miraba al frente le veía los muslos, mirarlo a los ojos era un imposible -evidentemente por mi tamaño-, así que le miré los pies y comencé a mover los míos, notoriamente más pequeños, igual que los de él. Los zapatitos rojos eran una belleza: talón con talón, rodillita flexionada, un poquito de hombros y ya está, era la reina de la salsa y la fiesta. Mientras tanto, mi abuela se había quitado el pañito de los ojos, había agarrado el palo de la escoba y le daba palazos al techo de su apartamento para que el piso vibrara y nos alborotara los pies. O para que nos calláramos de una vez por todas.

Unicornio azul
Silvio Rodríguez

Ya no había fiesta, ahora íbamos en el carro de mi tía, un Fiat anaranjado (de esos cuadraditos, que no sé qué modelo son), con los vidrios ahumados, a tomar merengada de chocolate a la heladería Crema Paraíso en San Bernardino. El caasete de Silvio sonaba cheverísimo en ese reproductor ochentoso. Mi mamá y mi papá cantaban el coro, y yo también. Ya me había aprendido la canción, porque la había oído en el equipo de sonido del apartamento. Me preguntaba por qué ese tipo, si tenía un unicornio azul, lo había dejado sólo pastando por ahí. Y ahora se quejaba de que lo había perdido. Era un poco tonto el asunto, pero además ofrecía una recompensa, después de tanto descuido. Yo sabía que ni de vaina ese cuento era verdad, y sospechaba que Silvio no estaba diciendo exactamente lo que yo entendía de sus palabras. Me parecía una historia incierta, aunque al final me daba tristeza: la merengada de chocolate se acababa muy rápido, y en el fondo el tipo estaba verdaderamente consternado. Pedía ayuda para encontrar a su animal imposible. Yo sabía que no podía ayudarlo, pero cuando veía a mi papá y mi mamá cantando el coro a dúo y con sentimiento, pensaba que a lo mejor alguien, algún día, lo iba a encontrar.

K.

Sexo para leer. Revista El Librero

De la librería a la cama

Si las leyes de derechos de autor y la industria editorial hubieran funcionado hace17 siglos tal como funcionan hoy en día, un filósofo hindú habría sido el autor de uno de los best seller más leídos de todos los tiempos. Además, sería dueño de una marca patentada inconfundible, asociada directamente a una de las expresiones fundamentales del comportamiento humano: la sexualidad. Mallanaga Vatsyayana –de quien se sabe que vivió en India entre los siglos I y VI después de Cristo– habría visto su obra traducida del sánscrito a decenas de idiomas, y en pleno siglo XXI estaría más vigente que nunca. El Kama Sutra (Los aforismos sobre la sexualidad), dividido originalmente en siete partes y 36 capítulos, ha sido reinterpretado, adaptado y reeditado hasta la saciedad en el mundo occidental, pero su esencia sigue intacta.

¿Cómo hacer el amor?, ¿cómo mejorar la vida sexual?, ¿cuál es la fórmula para dar y recibir el mayor placer posible? A pesar de que la sociedad da señales cada vez más claras de la importancia que tiene la educación sexual, estas interrogantes no tienen respuesta en los pensa del sistema educativo, ni en las charlas familiares, y es por ello que además de la televisión o la web, las librerías son un lugar idóneo para encontrar pistas que ya el Kama Sutra asomaba hace siglos. El mercado editorial venezolano es una muestra de esa avidez de conocimiento –o de ayuda–, ya que los libros sobre el tema son un éxito. “Las ventas sobre el tema de la sexualidad son muy buenas, siempre estamos reponiendo el stock de libros publicados hace 10 años, y cuando llegan las novedades, prácticamente se agota todo el material”, afirma Héctor Oropeza, gerente de ventas de Editorial Miró, que distribuye en Venezuela el sello Robin Book, cuyos temas centrales son salud, espiritualidad y autoayuda.

Algunos de los títulos de Robin Book que ofrece Editorial Miró son El arte tibetano del amor, de Guendün Chömpel –una reinterpretación del Kama Sutra hecha por un monje tibetano– Fantasías sexuales, de Anne Hooper y Phillip Hodson, y ¿Cómo mejorar su vida sexual?, de Rachel Copeland. Oropeza explica que la mayoría de las librerías con las que trabajan en todo el país, piden estos textos. “Además, sabemos que, según la experiencia de los libreros, 70% de quienes compran el material son mujeres.” Denisse Martínez, encargada de VDL Books en el centro Sambil, no comparte este criterio: “Aquí vienen hombres y mujeres por igual. Quienes visitan la sección pueden ser adultos, jóvenes o personas mayores”, afirma. En esta librería hay seis repisas para el tema y dice Martínez que uno de los más buscados es ¿Cómo complacer a una mujer? (Dentro y fuera de la cama), de Daylle D. Schwartz, entre otros de la editorial Amat. Tanto Martínez como Oropeza coinciden en que, en efecto, en la mayoría de las librerías de todo el país hay al menos una repisa dedicada al tema.

¿Te lo explico con un dibujo?
Alicia Gallotti es una periodista y escritora española especializada en el tema de la sexualidad. La experiencia acumulada después de diez años como colaboradora de la revista Playboy ha sido rentable, ya que el éxito de sus publicaciones sentó un precedente de ventas en España, Portugal y algunos países de Latinoamérica como Colombia, donde uno de sus libros alcanzó 18 ediciones. Gallotti se dedicó a estudiar el Kama Sutra original, para readaptarlo a las necesidades de los amantes contemporáneos, y como resultado publicó en 2001 El nuevo Kama-sutra ilustrado, con el sello Booket de Editorial Planeta. Este fue el primero de una serie que incluye el Kama-sutra lésbico, gay, para el hombre, para la mujer, y del sexo oral. También están las versiones ilustradas para el hombre y la mujer. Este año se suman dos novedades que ya se consiguen en las librerías: Kama-sutra XXX y Kama-sutra técnicas orientales.

Tal como lo hace Gallotti con el Kama Sutra, otros autores han reinterpretado algunas disciplinas en clave sexual: astrología, osho, tantra, yoga, técnicas de masaje y hasta la producción audiovisual se pone al servicio del erotismo en el libro Cómo rodar un video erótico casero, de Océano. En esa tónica están varios títulos de Santillana. Daniel Centeno, jefe de comunicaciones del grupo, afirma que reciben pedidos de muchas librerías, aunque los volúmenes son mayores para la cadenas. “Sexo tántrico se agotó, y también se han vendido muy bien Feng Shui para el sexo y Juegos en pareja”. Pronto lanzarán el Kama Sutra de Deepak Chopra.

Ahora bien, estos manuales son en su mayoría extranjeros, y la contraparte venezolana aún no se decide a tocar directamente el tema sexual. Pero hay acercamientos, y uno de ellos lo hace el psicólogo César Landaeta, autor de los muy vendidos Cómo mandar a la gente al carajo!, Al infierno se va en pareja, y recientemente publicó Homo erectus. El hombre, “su otro yo” y las mujeres –todos de Editorial Alfa–. El título y la portada del libro son sugestivos y lo que se encuentra adentro, más que una guía sobre sexualidad, es un manual para comprender la personalidad del hombre. Otro acercamiento lo hace la periodista Luzmely Reyes, quien Con la vagina bien puesta (Libros Marcados) recorre algunos de los asuntos que más preocupan a las mujeres venezolanas de hoy. Aunque el título se refiera explícitamente a un órgano sexual, este no es el tema central del texto.

Voyeur, exhibición, ensayo y ciencia
Más allá de los manuales, la autoayuda y algunos consejos que parecen muy elementales como “Si va a masturbar a su pareja es conveniente que tenga las manos limpias”, también hay todo un universo de publicaciones sobre la investigación científica en sexología. En su época, los informes de Alfred Kinsey (El comportamiento sexual del hombre, 1948), los de la pareja William Masters y Virginia E. Johnson (La respuesta sexual humana, 1966) y los de la sexóloga estadounidense-alemana Shere Hite (El informe Hite, 1976), que se encuentran en algunas librerías de Caracas, revolucionaron el campo de la sexualidad desde la perspectiva del estudio sistemático y cuantitativo del comportamiento humano. Otra obra esencial en el estudio académico del tema son los tres tomos de Historia de la sexualidad, del filósofo francés Michel Foucault, quien murió antes de completar los seis tomos que había planeado escribir.

Aparte de las visiones académicas, quienes cuentan la sexualidad de la observación empírica también han publicado obras. Es el caso de La vida íntima de los grandes dictadores y La vida sexual de las diosas de Hollywood -ambos se consiguen en las librerías de Caracas- de Nigel Cawthorn, quien también ha publicado textos similares sobre los papas, reyes, reinas y grandes compositores. Las experiencias sexuales contadas en primera persona despiertan el morbo de los lectores, sobre todo si las voces narrativas son femeninas: en 2005, la actriz porno española Celia Blanco, conocida por su participación en el programa televisivo Crónicas Marcianas, publicó en coautoría con Guillermo Hernaiz el libro biográfico Secretos de una pornostar; en Italia una siciliana de 18 años, Melissa Panarello, vendió sólo en su país un millón de ejemplares de Cien cepilladas antes de dormir, el diario íntimo de una adolescente, lleno de escenas de sexo explícito; más cerca, en Brasil, una joven de clase media alta decide huir de su casa para dedicarse a la prostitución, y la experiencia de su paso por el mundo de las acompañantes quedó consignado en El dulce veneno del escorpión, escrito por Raquel Pacheco bajo el seudónimo de Bruna Surfistinha.

En Venezuela, el actor y escritor Luis Fernández afirma que se dedicó a observar y preguntar a numerosas mujeres sobre su vida sexuale. De esos testimonios y experiencias, así como de las entrevistas que ha hecho en su programa radial, obtuvo la materia prima para sus libros Sexo sentido y Sexo sentido II, ambos considerados best sellers. Fernández le atribuye el éxito al tema: “El sexo evidentemente vende, sin embargo, hay también en ellos mucho de auténtica observación de lo que somos y algo de desmitificación y desprejuicio en lo vinculado al sexo y las relaciones”. Y más allá de sus propios textos, el autor esboza una explicación sobre el interés que despiertan este tipo de títulos en Venezuela: “Somos una sociedad enormemente hipócrita y sexualmente insatisfecha. Cuando hay doble moral, prejuicios y una tendencia cotidiana a censurar y a descalificar a otros, sólo porque tienen la vida que nos gustaría tener a nosotros, cualquier cosa que parezca sexual, prohibida o irreverente, tendrá éxito”.

Imaginación, fantasías y palabras
Dicen los sexólogos que el mayor órgano sexual del cuerpo humano es el cerebro. Más allá de los actos reflejos y de la pura excitación física, el cerebro también es responsable de las fantasías, del ejercicio imaginativo, que se sale del campo meramente sexual y entra en el terreno del erotismo. “Los manuales o guías son publicaciones que sirven a modo de tutor con respecto a un tema determinado, recurre a ellas aquel que desea consejos prácticos. La literatura erótica es más bien un ejercicio libre de imaginación, creatividad y motivación hacia el erotismo, así que no creo que compitan. El público puede ser el mismo en tanto somos todos individuos susceptibles a los placeres y al erotismo”, afirma Carolina Saravia, directora adjunta de Alfa Grupo Editorial.

Quienes buscan algo más que la inmediatez de las respuestas sencillas o la rigurosidad de los datos científicos, tienen en la literatura erótica toda una tradición narrativa por explorar: Safo, Giovanni Boccaccio, el Marqués de Sade, Goerges Bataille, Anais Nïn, Henry Miller, Charles Bukowsky y muchos otros. En 1977, la editorial Tutsquets le apostó al erotismo, en pleno destape español, y convocó por primera vez el premio de literatura erótica La Sonrisa Vertical, y creó una colección con el mismo nombre, donde se publicarían los trabajos ganadores y algunos finalistas. En 2004, Luis García Berlanga, director de la colección, anunció la suspensión temporal del premio tras 26 años de existencia en los que autores como Almudena Grandes, Mayra Montero y el venezolano Denzil Romero fueron ganadores. Una de las razones con las que la editorial argumentó la suspensión del premio fue el hecho de que "La expresión literaria del erotismo ha ido gradualmente asimilándose a la narrativa general y se ha integrado en colecciones literarias no acotadas específicamente al género erótico".

Sin embargo, en Venezuela Editorial Alfa apenas comenzaba a recorrer el mismo camino. En 2003 se convocó por primera vez el concurso de literatura erótica Letra Erecta, que ganó la escritora cubana Vivian Jiménez con su novela La columna que dibujaste dentro de mí. Así comenzó una nueva colección de la editorial, que hasta ahora ha publicado siete títulos, cuatro de los cuales fueron finalistas. “La colección nace como una apuesta al mercado editorial venezolano, reprimido tras la crisis del 2001 y 2002, período en el que no sólo se editaron menos libros de lo regular, sino que además se redujo de manera significativa la importación. Letra Erecta representó una propuesta lúdica para los libreros y especialmente para los lectores”, cuenta Saravia.

Así como en posiciones, las preferencias o los fetiches sexuales, la oferta de libros que de alguna manera abordan el sexo y el erotismo está dirigido a un público muy diverso. Precisamente esa flexibilidad en cuanto a temas y géneros es la que confirma que el sexo en todas sus expresiones ejerce aún ese efecto de atracción, morbo y curiosidad por lo prohibido, lo íntimo, lo oculto. Por eso tiene lectores, y vende.

Arte para mayores de 18
Las editoriales de libros de arte también tienen un segmento para el sexo, en el que se incluyen obras sobre fotografía, diseño, artes plásticas, cine y cualquier otra expresión artística de la sexualidad. Es el caso de Antología universal del arte y la literatura eróticas, de Evergreen. Pero es Taschen la editorial que tiene una serie dedicada sólo al sexo, y algunos de cuyos títulos están en las librerías venezolanas: Cine erótico, History of men's magazines (siete tomos) y Digital diaries.
K.

Batalla

La guerra ya comenzó. Estoy tan angustiado que no consigo despertarme de este sueño en el que podría por primera vez ser un héroe o convencerme para siempre de que mi tumba no llevará epitafio. Oigo cañones, susurros de mi padre y la voz templada que me anuncia el inicio de la batalla decisiva. Cada soldado se despierta como todos los días: un beso resignado para la esposa, el alimento condimentado con rabia e impotencia, una cápsula de conformismo y esas ganas de matar con las que nacen quienes viven esta pelea sin fin para ganar terreno en su propia alma.

Mi mujer restriega frenética el cepillo en el uniforme, yo espero por esa prenda que visto a diario para que las lanzas encuentren pronto cada arteria. La diana sonó, pero mis tímpanos se reventaron de palabras una noche en la que me di latigazos con la lengua. Con paciencia me dispongo a comenzar de nuevo la rutina de este cuartel que es mi vida, mi casa, mi santuario nocturno. Ya todos salieron y la tierra vibra en mi taza de té, mientras el ejército camina hacia un pantano del tamaño de un continente.

Calzo mi botas negras y roídas, y como siempre el uniforme me resulta un poco menos pesado porque cada disparo es una condecoración que me arrancan, un honor menos para la familia. Solo, tomo el autobús hacia el campo de batalla, pero está vacío, los demás salieron antes. Soy el comandante de mi pelotón de soldados de plomo, que van marchando en formación de bolsillo, y la imagen del santo que siempre llevo en la cartera prepara la artillería pesada.

Mis ojos son una represa de lágrimas y sudor, con fisuras que me van dejando ciego, pero me apresuro a encontrar mi unidad de combate. Quiero terminar de una vez por todas con este día y con esta noche, porque en esta guerra no son posibles los acuerdos de paz. Se alimenta de los errores, de la muerte diaria a la que me someto cada vez que cuestiono mi existencia sin poder dejar de vivirla. Hay caballos, barcos, camellos, tanques, helicópteros, globos aerostáticos y mucha morfina. Un niño me dice, en cámara lenta, cuál será nuestro próximo blanco, pero ni su arma ni su uniforme son iguales a los míos. Ahora comprendo que llegué tarde a la batalla y vestido de enemigo.

K.

Cybersexo productivo

Cybersexo

Conozco a un tipo que habla con su mamá por el Blackberry más que en persona. Tengo una amiga que en vez de salir a tomar cerveza con sus compañeros de la oficina, se pasa el día entero chateando con ellos, y cuando llega el happy hour, lo único que quiere es irse a su casa a ver televisión porque ya se enteró de la vida sexual de todos los gerentes. También descubrí el otro día que mi prima tiene largas sesiones de sexo con su novio vía mensajes de texto. Además, sé que una pareja de tórtolos que conocí hace unos días busca desesperadamente en Internet a una chica para hacer un trío.

Toda esa gente -y si está leyendo esto, seguramente usted también- tiene el cerebro configurado con el sistema operativo Windows, Linux, o cualquier otro de esos que llaman software libre. Hay quienes aún corren -y se corren- en DOS (Disk Operating System o DOS minutos, según sea el caso), pero en todo caso no importa si es con la versión XP o con Vista, la conexión inalámbrica ya funciona hasta en los deseos más íntimos: a veces yo quisiera que el metrosexual que hace spinning al lado mío todas las mañanas tuviera el bluetooth activado para llenarle el buzón con mensajes eróticos.

Y si la mente, que es donde los deseos sexuales se convierten en fantasías, está inevitablemente auxiliada por dispositivos electrónicos, pues el sexo también puede estarlo. Si en la mañana se resuelven cuatro o cinco asuntos pendientes sólo con contestar los e-mails, ¿por qué no podría también aprovechar uno el tiempo para una breve pero efectiva masturbación electrónica?

Seamos sinceros: puede ser más fácil enviar frases de sexo explícito vía mensajes de texto, o en el msn, que decirlas al oído. Entonces, ¿no es mejor usar la tecnología para ir calentando los motores durante el día, y llegar a la noche con la estrategia clara? ¿Por qué no nos ponemos el Wi Fi más cerca de la entrepierna y aprovechamos la conexión para darle un poco más de calor a las relaciones de pareja? Eso sí, mosca con el destinatario siempre (la jefa o el jefe pueden creer que al fin anotó ese gol que tanto estuvo buscando). Por último, para los hombres: pónganle más erotismo que pornografía (para las mujeres la recomendación sería la contraria).

K.

Invierta en placer (Sexo en Climax)

Cifras rojas, negocio rentable

Es un viernes como cualquiera, sólo que esta semana fue último de mes y la ciudad está congestionada. Con los saldos de las cuentas bancarias repuestos es más fácil pensar en hacer un gasto –a la medida de las posibilidades– que traiga como ganancia un poco de entretenimiento. Y si además de entretenimiento trae placer sexual, será más fácil desembolsillar la tarjeta de crédito y despreocuparse de los intereses. Así que me dispongo a olvidar las tasas activas, los planes de ahorro y los préstamos que tengo pendientes, para comenzar mi pequeño plan de inversión.

10:00 am. Estudio de mercado
El primer paso en esta investigación de mercado nada exhaustiva es, por supuesto, Internet. Afortunadamente la red trabaja 24 horas, 365 días al año y no tiene fronteras. Vía messenger consulto con algunos amigos –más duchos que yo en este tema– qué páginas visitarían si quisieran darle esta noche una sorpresa erótica a su pareja. Aunque no me interesan particularmente las recomendaciones que me dan, me resulta atractiva la que encuentro en la página www.ohmibod.com. Se trata de un “accesorio para el iPod”, que no es precisamente para los oídos. El objeto en cuestión es un consolador que se conecta a cualquier reproductor digital de sonido y vibra al ritmo de la música. Me arriesgo entonces con la compra.

Después de mi primera inversión me dedico a los sitios web venezolanos y encuentro que puedo comprar más juguetes sexuales en páginas como www.sexyshop.com.ve. El procedimiento es muy fácil: después de hacer un depósito en una cuenta bancaria o una transferencia por Internet, en 48 horas tendré el producto que seleccione en la puerta de mi casa. Los administradores de la página garantizan la confidencialidad, porque el paquete llegará a cualquier parte del país a través de una empresa de courrier “envuelto en bolsa plástica o papel blanco sin logos, lo más discreto posible”. Para no demorar la selección, me decido por el “Combo apasionado”, que no es el más completo, pero contiene lubricantes saborizados a base de agua (Bs. 8.700), aceite para masajes sabor coco–melón (Bs. 44.370), un vibrador Clitterific 7 multivelocidad (Bs. 59.160) y un consolador Doble Jelly anal de 12 pulgadas (Bs. 96.135).

Durante el resto de la mañana visito otros sitios web que me dan una idea de la cantidad de opciones que tengo para esta noche: desde sex shops (no virtuales); pasando por bares de ambiente, servicios de acompañantes y bares de strippers; hasta hoteles de alta rotación (o moteles) que se promocionan en la web.

Al mediodía mi menú de inversiones contiene:
Ohmibod
Vibrador para el iPod Bs. 148.350
(69 dólares, al cambio oficial)
Combo Apasionado Bs. 208.365
Total de la mañana Bs. 356.715

3:00 pm. En busca de un socio
Siempre he oído que los empresarios tienen socios, y que su participación en el negocio varía dependiendo de la inversión que cada uno esté dispuesto a hacer, así que decido encontrar quien me proporcione el músculo financiero (y en este caso, también físico) para terminar el día con un acuerdo de esos que llaman ganar–ganar. No hay que pensarlo mucho, el socio natural en esta inversión es mi novio, y no hace falta que use mis incipientes conocimientos en técnicas de negociación y PNL para que rápidamente me responda, como todo un ejecutivo: “lo que tú quieras, mi amor”.

La cita es en el Centro Comercial Plaza Las Américas. Allí nos armarmos con nuestro business attire, que en este caso no consiste en traje y corbata sino en ropa íntima sexy. En un sex shop como Descúbrete se pueden encontrar todo tipo de prendas de ropa interior femenina con encajes, ligueros, colores y estampados poco prácticos en la vida cotidiana, pero útiles para hacer realidad alguna fantasía extravagante. Si el problema es qué hacer después con esta ropa -que probablemente sirva sólo para una ocasión- también hay prendas comestibles para hombre y mujer.

Como la imaginación y la creatividad son dos atributos clave en cualquier proyecto a emprender, visitamos la tienda TutoPorno, donde encontramos suficiente material audiovisual para semanas enteras de adiestramiento en DVD. Allí, películas como Calígula y Cosi fan tutte, del director italiano Tinto Brass, están clasificadas como filmes “de culto” en el cine erótico. Y son, de lejos, lo más soft que puede conseguirse.

Antes de salir del centro comercial, que ya está atestado de gente buscando un plan para el viernes por la noche, hacemos dos paradas más: la primera en una librería, donde nos apertrechamos con un par de textos para amateurs sexuales; la segunda, en una cadena de farmacias para comprar preservativos. Al momento de pagar vemos que detrás de la caja tienen expuesto un producto nuevo, que tiene la misma marca de los preservativos que compramos. Es un anillo vibrador de latex, para usarlo en la base del pene, que puede prenderse y apagarse con un pequeño interruptor. La pila dura 20 minutos y el juguete es desechable. Un artículo más para el carrito.

Al final de la tarde he invertido con mi socio en los siguientes rubros:
Babydoll con encaje Bs. 165.000
Ropa interior masculina comestible Bs. 50.000
Cine erótico
Cossi fan tutte
Bs. 15.000
Libros sobre sexualidad
Sexo para Dummies
Bs. 52.000
Gran enciclopedia del sexo Bs. 125.000
Kit de preservativos. 3 unidades. Bs. 7.200
Anillo vibrador Bs. 14.000
Total de la tarde Bs. 428.200
(Precios aproximados, dependiendo de la marca y el establecimiento)

10:00 pm. Inversión plena
Llegó la hora de poner en práctica todo lo aprendido durante el día y darle el mejor uso a los activos en los que hemos invertido. Ideas no nos faltan, pero decidimos comenzar la noche en Divas, uno de los bares de strippers más visitados de la ciudad y en el que admiten parejas. Eso sí, hay que asegurar el consumo mínimo con un servicio. Una vez adentro, las propinas para las bailarinas son a gusto del consumidor, y algunas pueden hacer shows personalizados en cuartos discretos dispuestos detrás de la tarima.

Después de ver una demostración de acrobacia en los tubos, a media noche decidimos que es hora de encontrar el sitio indicado para nuestra última inversión y el cierre de la negociación, así que vamos en busca de un hotel. Por la hora y el día de la semana, tenemos que pasar por la particular experiencia de hacer cola para conseguir una habitación. Por lo general, las que están disponibles son las que tiene tarifas más altas. Y hay para escoger: la suite Alí Babá del hotel Aladdin, la mexicana en el Montaña Suites o la presidencial en el Dallas Suites Hotel. Finalmente nos decidimos por la suite Éxtasis del hotel Bosque Dorado.

Lo que pasó desde el momento en que entramos a la habitación hasta que se cumplieron las 12 horas de estadía, no es materia de este texto, pero forma parte del balance final de mi experimento como inversionista.

En la madrugada las cuentas iban así:
Consumo mínimo en bar de strippers Bs. 150.000
Suite Éxtasis (12 horas)
Motel Bosque Dorado. Paquete válido sólo de jueves a domingo. Bs. 255.000
Total de la noche Bs. 405.000
Total del día Bs. 1.189.915

Sábado: cifras rojas
Llegó la hora de sacar cuentas y recoger los platos rotos. Son las 11:00 de la mañana, estoy de nuevo en casa, y con la mente más sintonizada en la matemática y menos en la pasión, intento hacer el balance definitivo. No hace falta usar Excel, es más bien un ejercicio mental con un poco de ayuda de la calculadora del celular. Gastamos 1.189.915 bolívares, sin incluir la cena, el desayuno en la madrugada, la conexión a Internet de banda ancha que uso, los estacionamientos, la gasolina, las llamadas desde el celular, los intereses de la tarjeta de crédito, el show de strippers privado que estuvimos a punto de contratar, y todos los demás gastos asociados que prefiero no recordar. Era de esperarse, no había hecho un plan de negocio, así que en principio sentí que mi saldo estaba en rojo: me quedaron un par de libros, una película, varios juguetes sexuales y unas cuantas deudas.

Gasté unos 550 dólares (al cambio oficial) o aproximadamente 2,3 salarios mínimos en una noche. Toda la inversión la hice en negocios lícitos, así que eso se traduce en pago de impuestos, pago a empleados, pago de gastos de operación de páginas web o establecimientos comerciales, reinversión en nuevos negocios, pago de comisiones bancarias, en fin, una serie de items sobre los que no especularé porque es tarea de los economistas. Lo que sí sé es que la “industria para adultos” se alimenta del comercio formal e informal, de los negocios legales e ilegales y que según datos de la página www.adultvest.com, genera ganancias anuales por 57 billones de dólares en Internet. Parece que el placer sí se cotiza en la bolsa.

Mientras hago zapping por los canales de cable y la televisión abierta -donde también encuentro una variada oferta sexual- recibo la visita de mi socio. Después de una productiva “reunión de negocios”, concluimos que para ganar en placer no hay que invertir ni un bolívar, sólo se requiere de un poco de imaginación y muchas ganas. Lo bueno del sexo es que, después de todo, el balance es positivo.

K.

Boys toys (Sexo en Climax)

Anillo sin compromiso

Algunos juguetes sexuales salen de la exclusividad de los sex shops, y pronto llegarán a farmacias o tiendas de conveniencia para ser vendidos como productos de consumo masivo.


Faltaban pocos días para el fin de semana, y era la primera vez que Cristina y Camilo iban a viajar a la playa, solos, después de varios meses de haber comenzado su relación. Ambos tenían en mente pasar tres días de mar, sol y sexo, sin preocupaciones.“Cierra los ojos y extiende la mano”, le dijo Camilo a Cristina, justo después de una cena romántica. Por un momento ella pensó que su novio le regalaría un anillo. Y no se equivocó, sólo que no era de compromiso, sino uno para el pene.

La historia del regalo comenzó cuando Camilo fue a una cadena de farmacias a hacer sus compras para el viaje y al momento de pagar vio, detrás del cajero, unos pequeños empaques azules, llamativos por su diseño y además porque llevaban una conocida marca de preservativos. Un amigo le había dicho que a través de otro amigo se había enterado de que probablemente llegaría pronto un juguete llamado “Play”, pero Camilo no sabía bien de qué se trataba, así que le dijo con discreción al vendedor que incluyera uno de esos en la cuenta. Al llegar a casa abrió el paquete y buscó en Internet todos los detalles: era el regalo perfecto para el fin de semana de playa.

Ya en la playa, Cristina y Camilo se dispusieron a probar el nuevo juguete siguiendo las instrucciones al pie de la letra: primero tuvieron que sortear las dificultades de abrir el empaque perfectamente hermético y sellado en medio del momento de pasión. Cuando al fin lo lograron, Camilo deslizó el anillo hasta la base del pene, con la batería y el interruptor apuntando hacia su cara, y lo encendió. Al principio, la sensación fue extraña para ambos, pero en cuanto comenzaron a experimentar con distintas posiciones, se convencieron de que, sin duda, volverían a usar el juguete.

“En noviembre del año pasado hicimos la primera importación de 300 mil unidades para probar la reacción del público, mientras esperábamos por los permisos sanitarios para hacer una importación más grande. Los colocamos en cadenas de farmacias y sin ningún tipo de promoción, volaron de las tiendas”, explica Miguel Ángel Muñoz, gerente nacional de ventas de Corporación Alivari, la empresa que representa en Venezuela a la maraca inglesa Durex. “Se trata de un anillo de látex, muy suave, de un material similar al que se usa para los chupones de los teteros. Es hipoalergénico, no incomoda y además tiene un pequeño interruptor que acciona una batería recubierta con una duración máxima de 20 minutos continuos, o en varias sesiones”, explica Muñoz.

Círculo de placer

La imagen más común a la que remite la expresión “juguetes sexuales” es la de los grandes consoladores en forma de pene o vibradores de todas las texturas y colores, pero el mercadeo del placer se ha ocupado de diversificar y renovar cada tanto la oferta de accesorios lúdicos para adultos. Existen conocidas marcas de juguetes que tienen varias líneas de productos, entre ellas las dedicadas a anillos, conocidos también como cock rings, por su nombre en inglés. Se consiguen en sex shops o tiendas on line, y vienen en varias presentaciones: su versión más sencilla es un aro de silicona o materiales similares, que a veces pueden tener algún tipo de textura para la estimulación. En adelante, las posibilidades son abundantes, hasta llegar al más sofisticado de los anillos, que es el vibrador.

Una o dos baterías parecidas a las que usan los relojes van dentro de una cápsula adherida al anillo, y un pequeño interruptor permite controlar los ciclos de vibración. Si el aro se pone en el pene con la cápsula vibradora apuntando hacia arriba, al momento de la penetración estimulará directamente el clítoris de la pareja; si apunta hacia abajo, estimulará otras áreas de la vagina y los testículos. Adicionalmente, la presión leve que ejerce el anillo en la base del pene, puede retardar el orgasmo masculino. Bajo estos principios, todo lo demás queda a la imaginación y las zonas erógenas de cada pareja, que sólo tendrá la limitación de la vida útil de las pilas (aunque algunos son recargables) para experimentar cualquier cosa que deseen ambos.

Juan Ricardo León es propietario del sex shop Rincón Sensual, en Caracas, y ha notado que desde finales del año pasado, el número de clientes que entra a la tienda preguntando por los anillos es cada vez mayor. Lo mismo le pasa a Thaís Acevedo, dependiente de la tienda Seximanías. “Los anillos son ahora un boom, porque se les ha hecho mucha promoción en los distintos programas sobre sexualidad de la televisión”, afirma León. Para Acevedo, esta primera importación del Play Vibrations también influyó en el interés de la gente: “La onda de los anillos llegó desde noviembre, y tanto hombres como mujeres vienen a buscarlos, porque la vibración puede ser placentera para ambos”.

Los precios arrancan alrededor de los 18.000 bolívares para los aros más sencillos sin vibración, hasta kits mucho más completos con varios tipos de anillos intercambiables, balitas vibradoras y baterías recargables que cuestan unos 250.000 bolívares. Algunos vienen incluso con preservativos incluidos, aunque usarlo con o sin condón depende de las preferencias de cada pareja.

“El mercado venezolano es muy atractivo porque los compradores está dispuestos a pagar por el producto, aunque sea sólo por curiosidad. Por eso haremos programas de inducción con los vendedores y repartiremos material promocional”, explica Muñoz, quien asegura que aunque aún no hay una fecha exacta, esperan hacer el lanzamiento oficial del Play Vibrations a finales de este año. Su costo estará cercano a los 20.000 bolívares, y usarán los mismos canales de distribución que usan con los preservativos, así que el juguete estará donde esté la marca: farmacias pequeñas, cadenas de farmacias, tiendas de conveniencia y sex shops. Más que su mecanismo de funcionamiento o su presentación, la forma de mercadeo es la que innvará en el país, ya que este juguete sexual será un producto de consumo masivo, tal como lo son los condones y lubricantes. Ahora la pena de entrar a un sex shop o a sitio web de venta de artículos sexuales no podrá ser una excusa para probar nuevas sensaciones en las relaciones sexuales.s

K.

Perfil de Ismael Garcia. Revista Exceso

El despecho del “indevolvible”

Ha sido acusado de servil y de traidor. Lo han catalogado como un incondicional del chavismo, y como un oportunista. Militante y líder político desde su juventud, algunos de sus lapsus linguae le han puesto la nota hilarante a las sesiones de la Asamblea Nacional y quedarán para la posteridad. Desde las dos orillas en las que a simple vista se divide la política nacional, quienes lo conocen se preguntan qué se trae entre manos. Y no es para menos. Ismael, secretario general de un partido que nos es rojo rojito sino vinotinto, abre juego fuera de la revolución sin desmarcarse del proyecto chavista, una posición que lo pone en el límite de la tolerancia del líder único, el padrecito Hugo Chávez


Es martes 29 de mayo, Caracas está agitada y las protestas estudiantiles roban titulares como hace meses no lo hacía ningún movimiento opositor. Al otro lado de la acera política y mediática se habla de "foquismo y guarimbas", de planes desestabilizadores, del ataque de la oligarquía y el imperio. Los ánimos están crispados, y cuando Ismael Concepción García, diputado por el estado Aragua y secretario general del partido Podemos, hace uso de su derecho de palabra en la Asamblea Nacional (AN), advierte que en el programa La Hojilla se meterán hasta con su abuela después de lo que dirá: "Convoquemos al diálogo en esta hora difícil. Ya está bueno de confrontaciones". De inmediato reaviva las sospechas en la línea dura del chavismo.

Las sospechas se convierten en acusaciones de traición después del 1 de junio. Ese día Ismael se sube de parrillero en una moto y llega hasta la Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) para recibir un documento de los estudiantes. Entre empujones, sudoroso, casi a gritos, García repite hasta el cansancio que no actúa en nombre de la AN, sino a título personal. Aunque llegó para tender un puente, no disimula su talante áspero. Recibe el documento, la manifestación se dispersa, arrecia la lluvia y arrecian también los cuestionamientos sobre su gesto: ¿Está saltando la talanquera? ¿Su actitud conciliadora obedece al oportunismo o a una convicción democrática?

El hombre público sobre el que se abren estas interrogantes vive en un constante viaje. Su casa en La Victoria –la de su esposa y en la que se criaron sus nueve hijos–, es apenas una escala; su tierra natal –la sierra de Falcón–, sólo un escape eventual. De viernes a domingo puede visitar dos o tres ciudades, y el lunes regresa a Caracas. Aquí tiene un refugio discreto, pero conocido por sus allegados, que saben que si Ismael está en la ciudad, dormirá en el Plaza Palace Hotel, como lo ha hecho durante los últimos siete años. Justo ahí se encontraba la mañana del 12 de abril de 2002. Eran momentos de confusión y los miembros del parlamento trataban de articularse.

Cinco años después, Carlos Tablante tiene tiempo para contestar preguntas con respuestas minuciosas. Ya no es diputado, ni gobernador de Aragua, pero conserva la afabilidad y la populachería: llega a un pequeño café en el Centro Comercial Lido, donde sonríe y saluda a cuanto transeúnte se le queda mirando por más de dos segundos. Aunque la entrevista sea sobre García, Tablante habla en primera persona porque, después de todo, la sombra de su liderazgo –hoy venido a menos– en el estado Aragua, cobijó al joven Ismael sindicalista, que llegó en 1973 a Maracay como empacador de la empresa farmacéutica Farvenca y despuntó como concejal de La Victoria, hasta llegar a la alcaldía en 1992.

“Yo conozco desde hace años a los dueños del Plaza Palace, y el 12 de abril me enteré de que la DISIP iba a allanarlo”, recuerda Tablante. Políticamente no jugaban para el mismo equipo, pero el ex gobernador afirma –emocionado sin dejar de aclarar que se desmarcó del golpe- que a su ex compañero de militancia masista le ofreció carro, casa o lo que fuera necesario para evadir la persecución. La ayuda no fue necesaria, porque después de reunirse con otros diputados, quienes cuentan que estaba visiblemente nervioso y perturbado, García se fue a la retoma de Miraflores. Junto a Aristóbulo Istúriz, entre otros, fue uno de los primeros civiles en cruzar el túnel hacia el Palacio. "Yo estaba viendo por televisión el momento en el que Chávez aterrizó en helicóptero en Miraflores. Ahí estaba Ismael haciendo una llamada, y me sorprendí cuando vi que me estaba llamando a mí, para decirme que habían recuperado el poder”, remata Tablante.

Rafael Simón Jiménez también estuvo con Ismael en el Plaza Palace durante los días de abril. A diferencia de Tablante, el ex vicepresidente de la AN aún formaba parte de Podemos. La Plaza Altamira se ve desde el edificio destartalado en el que trabaja Jiménez cuando está en Caracas. Mientras arrellana su inmensa humanidad en la silla, el barinés que conoció a Chávez cuando ambos eran liceístas, no se ahorra nada al comentar los intríngulis del Movimiento al Socialismo (MAS), del chavismo, de la historia política del país. Franco, a ratos burlón, rayano en el sarcasmo pero sin negar sus cercanías y afectos del pasado, Jiménez comienza diciendo que le encuentra dos cualidades a García. Si le encontrara la tercera, agrega, “quedaría como un jalabola”. “Ismael”, adelanta, “es un trabajador incansable y tiene el valor personal de ser atestado. Pero una de sus debilidades es no haberse preocupado por su formación”.

Esa falta de “ilustración” hizo titubear a Jiménez en el momento de la división del MAS. Chávez cortó la naranja de un machetazo y bautizó las mitades como el MAS-más y el MAS-menos. De un lado menos, estaban Leopoldo Puchi y Felipe Mujica, del más Ismael García, Didalco Bolívar y Ramón Martínez. Rafael Simón se sentía en la mitad, pero no era momento de tibiezas y, cuando tuvo que decidir, escuchó los consejos de quienes le decían que con el poco ilustrado Ismael no iba a hacer un acto cultural, ni a fundar una corriente teórica, sino política pura y dura. La decisión es harto conocida: Jiménez se quedó en la AN , pero Tablante se fue a la oposición, y dice que quizás por un asunto geográfico los falconianos García y Bolívar quedaron en el oficialismo, con la anuencia de Luis Miquilena –también nacido en Falcón–, quien fue “la mano peluda” que avivó la hoguera en la que ardió el Moviendo al Socialismo.

A raíz de la división, Ismael se convirtió en jefe de la fracción parlamentaria de Podemos, su primer papel como interlocutor ante el gobierno. En adelante, se le encomendarían tareas estratégicas, como la presidencia de la comisión de postulaciones para la elección del Consejo Nacional Electoral y la dirección nacional del Comando Ayacucho, meses antes del referendo revocatorio. La notoriedad de García no le restó obsecuencia con el chavismo, ni tampoco modestia: “Él es un hombre humilde, forjado a pulso, y sufre de eso que yo llamo el complejo de cenicienta”, dice Jiménez, refiriéndose a ese empeño que tienen los políticos en mostrarse cada uno más pobre que el otro, como vendedores de empanadas. Después de soltar una risotada estridente, Jiménez no tiene empacho en decir “yo nunca vendí empanadas, lo que hice fue comérmelas”.

El lobby del Plaza Palace no es humilde pero sí es modesto. No hay aire acondicionado y el calor del mediodía arrecia en la urbanización Las Delicias, mientras la recepcionista de turno conversa con algunos huéspedes cubanos que regularmente recalan allí. Hace pocos minutos Ismael llegó al restaurant del hotel, donde el almuerzo ejecutivo se sirve con jugo de frutas en vasos de plástico. La chica continúa su conversación y dice, refiriéndose a García: "Está diciendo lo que piensa, pero cómo te digo… lo dice dentro de lo que es él". Pero ¿qué es García?, ¿qué piensa?

Muy cerca de la plaza Bolívar está la oficina de Podemos. El cuartel general del partido está identificado con letras plateadas en relieve, y la sala de recepción está forrada con afiches del presidente Chávez y una gran foto panorámica de la primera convención nacional que celebró la organización. A pesar de estar en un edificio viejo, la oficina es moderna, ordenada, sobria. El despacho de García está presidido por una pintura de Simón Bolívar, delante está el escritorio de vidrio con sus papeles en orden, y una silla negra. En las paredes hay fotos de Salvador Allende, el Che Guevara, Argelia Laya y Fidel Castro; hay una biblioteca en la que se ven retratos familiares: el matrimonio de una de sus hijas, la graduación de otra, su abuela materna. También hay un televisor y un DVD de última generación y un pequeño sofá negro de cuero para visitantes. Todo está dispuesto en perfecto orden, impecable, como nuevo.
A las 9:30 de la mañana Ismael llega acompañado por un escolta más bajito que él. Está vestido con un pantalón oscuro, una camisa a cuadros, una chaqueta sport y zapatos lustrosos. La ropa bien planchada se ajusta a su figura esbelta. Apenas entra a la oficina, la secretaria le ofrece café y lo trae servido en tazas de metal. Se toma el café sin mojarse el espeso bigote negro y bien podado. Sus manos son limpias y cuidadas. Pone sus dos teléfonos celulares en el escritorio y contesta algunas llamadas: canaliza peticiones, hace citas para la próxima semana. Luego apaga los teléfonos para poder concentrarse en la entrevista, y entra en su papel de secretario de partido, de agitador. Comienza sus frases con un tono moderado, pero a medida que enumera sus argumentos levanta la voz hasta llegar casi al tono de la tribuna pública. “En la legislatura pasada, en la que hubo mucha confrontación, me tocó salir a las puertas del parlamento para pedirle a los seguidores del presidente que permitiera salir a los diputados de oposición”, recuerda de tiempos en que la AN era un órgano multicolor.
Le cuesta mantener la calma mientras conversa. Hace aspavientos con las manos exaltados. No entra en confianza de buenas a primeras, y le es imposible ocultar su rigidez. Cuando se le pregunta por qué ha marcado cada vez más distancia del chavismo duro pierde la paciencia y reconoce que él no puede estarse quieto. “La oposición ha actuado con mucha ineficacia y torpeza. Está comandada por sectores que no han sabido vivir los momentos políticos del país. Por eso, para mí, la oposición no son ellos, sino más de cuatro millones de venezolanos que votaron contra Chávez y no se les puede descalificar como oligarcas o golpistas. Es gente que tiene una visión distinta del país”. Al culminar esta frase, se encuentra exasperado e indignado. Su verbo se vuelve arrollador, incontenible. “Y eso hay que respetarlo, vale. No podemos descalificarlos por eso”.
Sin embargo, pese a su furia, no se le escapa una mala palabra, se cuida de hacer señalamientos directos porque no se considera un "delator". Todo lo contrario, se preocupa siempre por dejar claro su apoyo a la revolución.
En los pasillos del parlamento circula un chiste cruel: es mejor llamar a su partido Pedimos que Podemos. García le sale al paso a cualquier suspicacia o juego de palabras: "Nosotros nunca pedimos que nos dieran ministros ni cargos, apoyamos al gobierno porque consideramos que era necesario darle en ese momento soporte institucional a un proceso de cambio". No define sus posiciones a partir de lo que es, sino a partir de lo que se niega a ser, y explica por qué Podemos no ha entrado al Partido socialista Unido de Venezuela (PSUV): “No creemos en un partido que sea montado absolutamente por el Estado, porque si un gobernador o un ministro son quienes lo hacen, surgen perversiones. No estamos sólo para defender el proceso, no vamos a ser unos parlantes ni una caja de resonancia sino que vamos a escuchar, digerir, pensar, y luego a respaldar lo que se pueda respaldar. Uno no necesariamente se inscribe en un partido porque va a escoger una militancia definitiva, la mayoría se anota en él para apoyar las políticas y el liderazgo”, y asoma que “mucha gente también se inscribe por otras razones, las que sea, tú sabes a lo que me refiero”.

La historia de Ismael García en la militancia es una muestra de que las afiliaciones no duran para toda la vida, y los partidos tampoco. El MAS fue su primer espacio partidista y a sus 52 años recuerda el camino que lo llevó a inscribirse en la tolda naranja. Cuando habla de su historia personal baja la voz. Su vocabulario y su pronunciación ya no son las del secretario general, ahora habla un tipo llano, que se enorgullece de su origen serrano y de haber comenzado a trabajar desde los nueve años. Salió adolescente de su casa familiar en Curimagua, estado Falcón, donde vivían algunos de sus “cuarenta y pico” hermanos paternos. De esa vertiente de la familia heredó algunas tierras, pero no el apellido.
Sólo 11 de sus hermanos comparten la misma madre, y dos de ellos vivían en Caracas cuando Ismael llegó a casa de una tía en El Junquito. Dice que, como todos los que migran del campo a la ciudad, llegó a la capital buscando trabajo y mejores condiciones de vida. Cada mañana su tía le preparaba dos arepas y con eso aguantaba las jornadas de búsqueda de empleo y estudio en la Escuela Técnica del Oeste, en Catia. Ahí comenzó su carrera como líder estudiantil y luego como líder sindical. A los 16 años se alistó en las filas del MAS seducido por figuras como la de José Vicente Rangel y Teodoro Petkoff, que hablaban del socialismo a la venezolana. Junto a otros dirigentes del Partido Comunista de Venezuela (PCV) se afilió a la Central Unitaria de Trabajadores (CUT).
De esa época viene su amistad con el periodista y ex dirigente sindical Mario Villegas, responsable en aquel momento del Comando de Jóvenes Trabajadores de la CUT. Al otro lado del teléfono, Villegas se sorprende por la entrevista y pregunta si Ismael lo ha nombrado. Mientras habla con agrado, dispuesto a contar lo que recuerda, rebobina la película hasta llegar a sus años del PCV: "Lo recuerdo como un líder de pensamiento autónomo y libertario, con profundas convicciones democráticas", dice Villegas, a pesar de que es crítico del chavismo. Además del activismo político, los une un vínculo afectivo: la figura de Cruz Villegas, padre de Mario y líder sindical, a quien García admira y respeta. "Él fue quien me envió a estudiar a Cuba a la escuela de formación de cuadros Lázaro Peña en 1976. El viejo Cruz era muy estricto, muy regañón, pero era un maestro", afirma García. Los compañeros de lucha luego se distanciaron, Ismael se fue a Aragua y Mario se quedó en Caracas ejerciendo el periodismo.
La relación cambió, y en ciertas ocasiones a Mario le tocó cubrir alguna actuación de Ismael como diputado del antiguo Congreso de la República o como alcalde de La Victoria. Villegas coincide con Tablante y Jiménez en que la gestión de García fue eficiente. Lo que más enorgullece al diputado de su periodo como alcalde es la implementación de programas sociales, entre ellos los Núcleos de Atención Primaria, política concebida desde la gobernación, que describe como "el primer Barrio Adentro que se hizo en el país".
Sobre los alcaldes de hoy, García tiene algunas observaciones: “A veces los funcionarios se ponen una chaqueta roja, una gorra, unos interiores, unas medias y hasta se pintan la boca de rojo, pero eso no es eficacia. Los alcaldes no son para hacer programas Aló, alcalde en su municipio, porque se creen unos "chavitos", y cuando algún vecino les reclama atender un problema de la comunidad, dicen que es fascista y golpista”.
Como burgomaestre, Ismael logró acuerdos con los industriales de La Victoria, fundó las casas del abuelo y de la mujer, restauró el casco histórico de la ciudad. Pero, por otra parte, hay quienes comentan que su fortuna personal aumentó después de su paso por la alcaldía y que ahora es uno de los políticos chavistas más adinerados. Fuentes bien informadas sostienen que, a través de testaferros, García tiene numerosas propiedades en La Victoria y en Falcón. Allí, en su terruño, construyó una casa de campo de estilo Colonial de más de 600 metros, que el militante del MAS Ivor Sosa describió como “un Falcon Crest”, en una entrevista concedida al diario Tal Cual. García sabe de esas acusaciones, y no le quitan el sueño: “La plata, como la tos, no se puede esconder, y la casa de Curimagua es una herencia familiar que hemos ido construyendo entre varios hermanos”.
Después de llamarlo insistentemente para solicitarle una segunda entrevista, García atiende el teléfono: “Aló, sí, dígame”, contesta, con voz de afán y de inmediato se irrita, “¿Pero cómo es la mecánica de esto, vale? ¿Tú no me entrevistaste ya? Me andan preguntando por mis hijos, por mi familia, ¡Mi vida es pública, todo el mundo la conoce! ¿Por qué tanta entrevista?, yo soy una persona ocupada”. Tan rápido como se altera, vuelve a la calma y dice que en la tarde estará en la AN.
Como todos los martes, llega a la sesión ordinaria. Camina a sus anchas por los pasillos del Palacio Federal, le da la mano a cuanto diputado le pasa por delante, Luis Tascón alaba la chaqueta de cuero marrón que lleva puesta. Después Ismael se sienta en su puesto de primera fila en el hemiciclo. Ahí empieza la rochela con su vecino de curul, José Albornoz, y se ríe a carcajadas hasta que la primera vicepresidenta le hace un llamado de atención, con nombre y apellido. García se calla por un rato, pero luego habla por teléfono, se para del curul, conversa con otros diputados, entra y sale del hemiciclo, a ratos se queda pensativo, ausente, y cuando vuelve en sí, hace caso omiso de las actas y propuestas que lee el secretario.
Su otra vecina de curul es Iris Varela, que opina sobre las últimas actuaciones de García, mientras atiende a un grupo de manifestantes a las puertas de la AN. "Tienen todo el derecho de tomar esa actitud, pero uno la analiza desde otro punto de vista. Yo creo que están sacando malas conclusiones desde el rechazo que el propio Presidente de la República dio a las declaraciones de Ramón Martínez. Las actitudes de él se corresponden más bien con una respuesta política orientada por la discusión interna de Podemos. Yo creo que están errados".
En medio de la sesión, el diputado se toma unos minutos para saludar de beso y abrazo a dos periodistas de la fuente. Les sonríe, conversan, y se nota que se siente en confianza. Una de ellas es Marvila Sánchez, que lo conoce desde hace casi nueve años, tiempo que lleva cubriendo la fuente política. Coqueta, acepta pasar de entrevistadora a entrevistada y dice: "Él puede atenderte el teléfono a ti y hablar con varias personas al mismo tiempo, es muy disperso. Se ha tomado muy en serio su carrera política y algunas veces más que otras ha demostrado ser una persona sensible. Se sabe los nombres de todos los periodistas de la fuente –de medios privados y públicos– y siempre tiene detalles con nosotros".
Otros periodistas recuerdan sus frecuentes lapsus linguae. "¡Aquí le estamos diciendo al mundo que este proceso va con un binomio muy fuerte. La Asamblea Nacional junto al presidente Pérez, perdón, el presidente Chávez!", pronunció en una sesión especial en El Calvario. Los presentes estallaron en risas. No era, desde luego, la primera vez que esto ocurría. Ya antes había calificado a la revolución como un proceso "indevolvible". Fue así como se ganó el apodo de "el filósofo de La Victoria".
Hoy, cuando es la cara visible de la oposición dentro del chavismo, García no ha sido bautizado aún con un nuevo apodo, y en los círculos políticos se especula sobre su conducta. “Si Chávez le asignó a García una responsabilidad como la del comando Ayacucho es porque lo valora”, razona el ex gobernador Tablante, y luego apunta que el distanciamiento con el Presidente puedo haber comenzado tras los cuestionamientos que recibió del chavismo durante el revocatorio. García ha aceptado sin chistar muchas de las burlas, acusaciones y críticas de algunos grupos. Por eso Jiménez, lo describe con condescendencia: "Es más bien un hombre visceral, que ha sido maltratado, y probablemente ahora está respondiendo".
Mientras pasa la turbulencia, Ismael García sigue haciendo su rutina diaria de ejercicios y se cuida de no salir a trotar en la calle, "no vaya a ser que un fanático me dé una pedrada". El hombre, dijo un poeta, es un animal de costumbres. Y García encarna esta máxima a la perfección.
Aunque Chávez le ha dicho al combo de Podemos que los considera en la oposición, García se resiste a la ruptura y canta el repudio sufrido casi en clave de despecho: "Yo no he caído en desgracia con nadie, lo que he hecho es lo que considero que debo hacer. Lo justo", y explica su actitud frente a las manifestaciones estudiantiles: "Estos muchachos no son ningunos oligarcas, son gente de clase media. Mi hija se graduó de abogado en una universidad privada, y no por eso somos oligarcas". Considera, además, que debe abrirse un proceso de diálogo y que hace falta voluntad política para que éste se inicie. "Ante el país se va desnudando quién es el que tiene voluntad de hacer las cosas democráticamente o no. No podemos llamar a la gente a confrontarse físicamente en las calles, porque eso sí es fascismo".
K.

jueves, 31 de mayo de 2007

Para melomanos y allegados a la causa



Felicito a los compositores del tema "Un corazón que grita", o como se llame, porque la canción de RCTV ya ha sido calificada hasta como himno. Está en páginas web, en CDs piratas, la venden los buhoneros, todo un hit. Las canciones de Rubén Blades, ahora las pone Leopoldo Castillo en Aló Ciudadano, las de Héctor Lavoe se usan para fines propagandísticos. Pero me cansé. De pronto me di cuenta de que hace una semana no me sentaba a escuchar música. Y hay mucho por escuchar: así como los lectores disciplinados se preocupan por leer los clásicos y las novedades, también los melómanos (si es que yo me puedo calificar así), tenemos que retomar nuesto hábito. En el post anterior hablaba sobre reinventarnos (léanlo), y también conversaba hace días con un amigo que me decía que hay que releer a los clásicos de la teoría política. Así que este post es un llamado a ponernos los audífonos y desconectarnos de a raticos para escuchar alguna canción. Por ejemplo, Pink Floyd (especialmente en The Wall) sirve para andar en metro pensando en el país. Mejor aún, un trabajo que se llama The Dub Side of The Moon, que no es más que una reinterpretación del clásico The Dark Side of the Moon en clave de reggae. Si la nota es más campestre, pues pueden oir a los Pillos Caracas Voys (los hemanos Monteverde, Muu Blanco y Dj 13), que versionan el clásico Quiero acostarme contigo en la yerbita, pero con una yerbita diferente. Otra opción: Sr. Coconut, que hace poco estuvo aquí en Caracas con otro colectivo, y que en su último disco tiene como cantante a Argenis Brito, un integrante de Los Chamos que cogió el camino del bien. Eso sería como para andar por la ciudad en una nota... la nota que uno quiera. Estos han sido mis últimos descubrimiento musicales, pero debe haber miles más. Pónganle banda sonora a sus vidas, y no dejen que otros se las impongan.

Vamos a reinventarnos


Tomaron tetero de Caracazo, comieron papilla de intentona golpista, se aburrieron escuchando discusiones de adultos sobre el fin del bipartidismo, dejaron de rumbear porque una parte del país estaba paralizada, no votaron por una nueva Constitución, vieron a sus papás marchar para un lado o para el otro, el oído se les acostumbró a la musiquita de Globovisión, escribieron letras de protesta en clave de hip hop porque la Nueva Trova les quedaba como lejana.

Estudiaron, gozaron, sufrieron, no fueron etiquetados como "bobos" (sino como "más bobos"), pensaron que todo ese rollo de la generación X y el no futuro era complicarse sin razones. No sufrieron por la muerte de Kurt Cobain, conocieron el romance vía sms y msn, Internet siempre existió para ellos y los celulares son una cosa de toda la vida. Creo que esos son los estudiantes que han salido en la tele por estos días, y no sólo están en la tele sino en las calles.

Y algo parecido, aunque con códigos culturales distintos, deben ser los no estudiantes, pero también jóvenes, que quizás no han tenido la oportunidad de entrar en la univerisdad. Ellos probablemente ya son papás y mamás, o guerrean todos los días en un semáforo, o están en una misión, o simplemente en su barrio, en su pueblito, viviendo este país desde lo más profundo. A su manera, deben tener también una visión particular y distinta de lo que es Venezuela.

Ojalá no los etiquetemos, ni los "quememos", ojalá encuentren su espacio para armar proyectos propios. Me causa mucha incomodidad que se hable del "mayo venezolano" o de "los encapuchados de los 80", o que se les compare con la generación del 28, o con cualquier otro referente político. En algunas ocasiones he oído a opinadores y personas comunes decir: "Nosotros despertamos a los jóvenes" o "desde hace tiempo me preguntaba dónde estaban los jóvenes".

Es claro que a ellos no los despertó el cierre de un canal de TV, ni tampoco la guerra mediática en la que estamos inmersos. Ellos no estaban mirando para el techo, ellos estaban trabajando y su reacción ha sido la que hemos visto, precisamente por eso. Tienen personalidad y hacen las cosas a su manera, porque así han crecido. Los movimientos (sea de defensa de derechos, de protesta, de reivindicaciones laborales, étnicas o de cualquier otra índole) no aparecen por generación espontánea.

Ellos son lo que son y punto, y están en eso, en busca de una identidad, tarea que ya llevan bien adelantada algunos. Quisiera que se les dejara nacer tranquilos: no fumar delante de ellos, como hacemos los fumadores con nuestro vicio cuando estamos al lado de una mujer embarazada o de un bebé. Quisiera también que no se les deje solos, porque así como afortunadamente hicieron muchos de nuestros padres (y lo siguen haciendo), podemos estar cerca de ellos sin impedir que de vez en cuando se den esos golpecitos que enseñan (ojo, golpecitos de esos que se da uno cuando se lanza del tobogán, nada de golpismo, por si las moscas). Desearía también que no intenten aprovechar esa energía para fines distintos a los que ellos han decidido.

Zapatero a tus zapatos: ellos están en lo suyo, en la universidad, en la conquista de sus espacios. Entonces cada uno de nosotros puede aprender de esa lección y aplicarla a su área de conocimiento, a su oficio, a su pasión, a lo que quiera, pero aplicarla. Después de estos días, y de varios meses en los que he visto este proceso desde un palco privilegiado, tengo la extraña sensación de que me seduce mucho más esta energía, esta propuesta que podría gestarse, que cualquier otra que haya visto en los últimos tiempos. Y esa sensación seguramente tiene como núcleo algunas frases que me repito cada vez que puedo: Todo está por hacer. Hay mucho que hacer. Estamos frente a una oportunidad. Hay alternativas. Hay opciones. Hay que trabajar por ellas desde cero. Hay que construirlas sin olvidar el pasado, pero sobre todo tenemos que imaginar, pensar, discutir, y después reinventarnos.